lunes, 11 de noviembre de 2013

En paz



Brad Mehldau solo piano.

Domingo 10 de noviembre de 2013. 21:00. 

Auditorio Nacional de Música. Sala sinfónica.

Tres cuartas partes del aforo.



Photo credit: Michael Wilson
Dejémoslo claro desde un principio, lo que se presenció ayer en el Auditorio Nacional de Música de Madrid no fue, per se, un concierto de jazz. Sí estuvo presente, pero no en mayor medida que el blues o el impresionismo; puras herramientas de la absoluta protagonista: la improvisación.

Pero la improvisación en Brad Mehldau tiene una personalidad muy característica; es, si me permiten la expresión, una improvisación metódica, en un sentido personal, de construcción, de búsqueda preciosista pero con un peso disciplinar y, sobre todo, mental de gran protagonismo. 

Busca y revisa, conversando, descifrando clásicos, que en la mente ecléctica de Brad Mehldau son muchos y diversos; desde Bill Evans a Radiohead, o The Beatles en el bis que regaló tras más de dos horas de concierto.

Respondía Chema García a un comentario de su blog en el que se tachaba a Mehldau de ser "un pelín frío", que "más que frío, yo diría concentrado, o reconcentrado, como el tomate". Y es que es así. Cuando Brad Mehldau deja momentáneamente sus otros proyectos (ahora mismo Mehliana, con el baterista Mark Guiliana –uno de los niños bonitos de Missingduke–, y su fundamental y cimentada formación en trío) y opta, como anoche, por el piano solo, se presencia claramente una lucha personal pero de naturaleza emocionante. Un adónde. Un cómo. 

Y así, se va creando un maraña de orden que responde tanto a la inspiración como a la estructura formal, única para ese momento y lugar, en el que sucede la sorpresa, la melancolía, la armonía y la profundidad.



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