martes 21 de octubre de 2008

Nuestro Bogui





Si hay un buen día de la semana en Madrid, ése es el lunes. Si hay un sitio donde celebrarlo, es Bogui.

Y eso que Bogui es mucho más que lunes festivo de Big Band. Es la casa de jazz de todos.

Esta mañana nos han cerrado Bogui. Sin razones legales ni laborales, sin descuidos ni errores administrativos. La avaricia, el amiguismo y los tejemanejes del cuarto poder y la política son demasiado peso para que las vigas de un club de jazz lo soporten.

Y somos muchos los que nos sentimos como esas vigas porque Bogui es también nuestra casa. “Yo soy Espartaco.” “ Sí, capitán, mi capitan.”
Expresadlo como queráis.

Sencillamente no pueden ni deben dejarnos sin Bogui. No pueden dejarme sin Bogui: es, por muchas razones, parte de mi Ítaca. Hemos de conseguirlo.

Missingduk
e seguirá intentando desde aquí formar parte de un David contra Goliat. Cuento con vosotros.


jueves 17 de julio de 2008

'Después de lo de Troya'

El historiador griego Tucídides, en su Historia de la Guerra del Peloponeso, recurre a menudo a una misma locución para indicar el momento en el que los distintos pueblos de la Hélade se unieron para acometer algo en común, indicando con esta unión el comienzo de lo que después conoceríamos como “Grecia”.


Reconocemos entonces la importancia que este hecho tuvo para la Historia de Grecia, y asumimos que cada vez que leemos “después de lo de Troya”, Tucídides marca un antes y un después. Todo cambió “después de lo de Troya”. “Lo de Troya” fue importante.



2.500 años después de Tucídides, los logógrafos modernos no pertenecen exclusivamente al gremio del periodismo. No hay más que agudizar el oído antes de entrar en el polideportivo de Mendizorroza en las dos últimas ediciones del Festival de Jazz de Vitoria. No importa quién ofrezca el concierto, ni su currículo, su categoría, su fama, su hábil mercadotecnia… Nada de eso tiene importancia, y los logógrafos que allí aguardan lo saben, y nos recuerdan que “es que después de lo de Rollins…”, “ya, pero después de lo de Rollins…”, “qué ganas tengo de escuchar a fulanito, aunque, después de lo de Rollins…”.

Y es que hay un antes y un después del 15 de julio de 2006, ese sábado decisivo en que Sonny Rollins actuó en Mendizorroza.



Parece que la fortuna nos sonríe: quienes estuvimos allí ese día estimamos en lo mucho que vale la nueva visita del Coloso Rollins. Quienes no pudieron disfrutarlo entonces, tienen una oportunidad preciosa para comprobar por qué hay un antes y un después de Rollins.

Por ahora, tened muy en cuenta esta cita: 18 de julio de 2008. 21:00 horas. Mendizorroza.

Aún quedan entradas.



Fotografía: www.sonnyrollins.com

jueves 10 de julio de 2008

Capítulo III. Djavan




Djavan.
Martes 8 de julio de 2008. 21:30.
Patio central de Cuartel del Conde Duque.
Lleno.


Veni, cecini, vici.
Muy esperado fue el concierto que ofreció Djavan el martes en Madrid. No es para menos: dos visitas en una década suponen a la vez reclamo y fiesta de guardar para aficionados, melómanos y curiosos.

Es difícil catalogar la obra del compositor alagoano. Podemos percibir jazz, blues, pop, bossa nova, música de cámara, rock… pero no se dejen engañar por los espejismos de la influencia, de la herencia o de la fusión.
Djavan es en sí un género musical.

Comenzó el cotarro con un tema de su último disco, Matizes, consiguiendo sembrar entre un expectante público la duda de si aquél sería un concierto de presentación de este disco o un festival biográfico. El siguiente tema, su casi himno Eu te devoro, no sólo desveló esa duda, sino que también despertó al personal y detonó, como hace 11 años en ese mismo escenario, la dinámica de abandonar poco a poco la butaca para buscar algún lugar para bailar: un escalón, una rampa o la concurrida orchestra.
El paseo continuó por Um amor puro, Seduzir y Oceano, tocando distintos discos y décadas. Para ello le acompañó un grupo de músicos bien conocidos por el aficionado djavaneano con los que cuenta para las grandes ocasiones.

Muy celebrada fue la íntima formación en trío (con Renato Fonseca al teclado y Max Viana –hijo de nuestro protagonista– y el propio Djavan con sendas guitarras) responsable de versionar las emocionantes Mar vista y Sorri.

Y si hace una década nos regaló una versión del popular tema de de Agustín Lara –un Granada que aún resuena por las paredes del Cuartel del Conde Duque–, esta vez nos homenajeó con La leyenda del tiempo, de Camarón de la isla. No en vano se reconoce Djavan como amante y admirador de España, sus ciudades, su cultura, su lengua y su música. Claro quedó.

Tras recuperar la sección de viento, formada por Josué López al saxo tenor, el trompetista Walmir Gil y François Lima al trombón, y, sobre todo, ese bajo de profundo protagonismo en el repertorio djavaneano (cuyo privilegio, más que responsabilidad, recayó en Sergio Carvalho), el escenario no sólo creció en número, sino también en ritmo. Buen ejemplo de ello fue la ejecución del blues alocado Que foi my love?, con el que consiguieron un sonido mejor incluso que el de la versión de estudio remasterizada del disco (En este caso Malásia).

A partir de ahí, Samurai, Azul (en su versión “na pista”), Jogral, Boa noite, y mucha bossa djavaneana: Para-raio, Flor de lis, Sina; todos ellos temas que nos recuerdan que tener 20 años de edad es estar sólo al comienzo de la vida.

Las apuestas sobre el bis no fallaron: la magnética Se… y la vibrante Lilàs.

Djavan es mucho músico. Mago de las armonías. Un clásico. Alguien a quien descubrir en cada repaso de cada disco.

El martes recordamos por qué en Brasil existe el verbo "djavanear".




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Djavan: voz y guitarras
Max Viana: guitarras
Renato Fonseca: teclados
Sergio Carvalho: bajo
Joao Viana: batería
Josué López: saxo
Walmir Gil: trompeta
François Lima: trombón
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Fotografías: Nacho Arbalejo.

martes 17 de junio de 2008

'Consumatum EST'





Hace cinco años descubrí que podía mirar desde el punto de vista de Yuri Gagarin, que los géneros musicales tienen hijos, primos e incluso buenos amigos. Me supe testigo de lo que en aquel momento creí un relevo, una nouvelle vague, un "aquí estamos nosotros. Esto es lo que hacemos".

Esbjörn Svensson Trío
(conocidos en agradecido acrónimo como EST –o incluso familiarmente como "los suecos"–) ha supuesto muchas cosas para el jazz, para el jazz europeo especialmente, que lo tomó como estandarte revelador y como instrumento de viaje. Quienes nos hemos acercado a su música hemos reconocido la múltiple herencia y, a la vez, la criatura musical que eran. Que son.

Esbjörn Svensson, compositor y pianista cuyo nombre toma el trío, ha fallecido este fin de semana mientras practicaba submarinismo en el lago Ingarö, en su Suecia natal. Desconozco los planes musicales de su inseparable ensamblaje, Dan Berglund y Magnus Öström. Bastante trabajo supondrá encajar la pérdida personal y musical de esta presencia poderosa y creadora que ha supuesto Esbjörn Svensson.

Lo que hemos perdido es lo que aún no conocemos; esas notas posibles e ignotas cuya naturaleza sólo podremos, con suerte, intuir.

El cielo del jazz no sólo se llena; se colma.






Fotografía de Tobias Regell. Gentileza de ACT Music.

lunes 31 de diciembre de 2007

En el cielo del jazz



Hace algunas semanas se abrió la puerta de este apartamento con el recibimiento de Tete Montoliu y John Coltrane.

El último día de 2007 es para Oscar Peterson. El señor que fabricaba jazz mágico.

Missingduke tuvo la suerte de verle en directo, cuando ofreció un concierto en Nueva York, en "la esquina del jazz", Birdland, para celebrar sus 81 años.
Fue un concierto emocionante por muchas razones. Ya sólo podía tocar con una mano a raíz de una apoplejía y la evolución de su artritis.
Pero tocó.
Y yo cerré los ojos. Y sí, era Oscar Peterson, sin duda.

A él le debo maravillosas horas.

Mi pequeño homenaje queda aquí escrito, pero no será sólo por hoy.
Descanse en bop; en el cielo del jazz.


Una recomendación: cerrad los ojos. Y escuchad:

sábado 24 de noviembre de 2007

Capítulo II. Antonio Serrano/Benny Golson Quartet

Antonio Serrano (cuarteto).
Benny Golson Quartet.
Jueves 22 de noviembre de 2007. 21:00. Centro Cultural de la Villa.
Casi lleno.


Antonio Serrano debería estar reconocido por el Consejo Regulador de la Denominación de Origen. Es figura del jazz.
La noche del pasado jueves fue de las que no se olvidan. Fiesta. Gran fiesta.
El cuarteto de Antonio Serrano presentó su último trabajo, "Armonitango", homenaje y disfrute de la obra de Piazzola a partir de un proyecto del pianista José Reinoso y el propio Serrano.
Comenzó el concierto suave, con Milonga del ángel, pero enseguida, Contrabajeando, este "Áyax" de la armónica nos puso sobre aviso de lo que nos esperaba
. A partir de un paseo a Bach en solo de armónica llegaron más tanguitos, esta vez a dúo, con su coartífice y pianista José Reinoso. Pero aún quedaba mucha noche; fue entonces cuando llegó un momento clave, justo, que se agradeció, que se disfrutó mucho: Horacio Fumero, sin acompañamiento alguno, hizo su personal homenaje a ese grande al que acompañó en tantas ocasiones, nuestro homenajeado Tete Montoliu. Para ello nos regaló Jo vull que m'acariciis.
Y entre tango y jazz llegó el final con Lo que vendrá, posiblemente la interpretación más potente y emocionante del cuarteto de Antonio Serrano. Y, por si era poco, nos dejó esta buena metáfora: "Yo vivo aquí al lado, pero la de vueltas que he tenido que dar para tocar hoy aquí. Así es la vida". A. Serrano dixit. Atque fecit.

Casi resultaba increíble pensar que después de esto iba a venir más. Benny Golson, nada menos; uno de los grandes nombres del saxo tenor y la composición.

El
Benny Golson Quartet fue trío hasta el cuarto tema. Golson era el nombre de peso, pero la formación bien podría haber compartido el de su pianista, Lynne Arriale, responsable en gran medida del delicioso concierto, lleno de estándares, gusto, sensibilidad y jazz sin más. Cautivó la dulcísima I love you Porgy, de la bella obra de Gershwin.
Ya con Golson, se sucedieron los temas propios y los estándares, aunque sucede que con músicos como él, estas dos posibilidades son a veces una sola, como sucedió con I Remember Clifford, Blues March (como bis) o Whisper not, tema que marcó uno de los grandes momentos de la noche, consiguiendo que olvidáramos que estabamos en un lugar llamado Madrid y en un año denominado 2007. Hubo divertimento y ambiente de club, sobre todo durante una vigorosa y presta Sweet Georgia Brown. Y como despedida, homenaje a John Coltrane en el 40.º aniversario de su muerte: Mr. P. C.

Y todo esto en una sola noche.




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Antonio Serrano - Armónica
José Reinoso - Piano
Horacio Fumero - Contrabajo
David Xirgu - Batería
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Benny Golson - Saxo
Lynne Arriale - Piano
Thomas Heidepriem - Contrabajo
Keith Copeland - Batería

martes 20 de noviembre de 2007

Capítulo I. 'The Joshua Redman Trío'

Carles Benavent Quartet.
The Joshua Redman Trio.
Jueves 15 de noviembre de 2007. 21:00. Centro Cultural de la Villa.
Casi lleno.

Inauguró la velada uno de nuestros músicos de toda la vida, el bajista Carles Benavent, coprotagonizando guión con Jordi Bonell a la guitarra. Optó Benavent por la fiesta de la fusión, con su visión jazzera de la bulería y del flamenco en general –ahora tan en boga, pero presente casi desde siempre en músicos como él–. Trajo además una sorpresa que marcó un punto de inflexión en lo que sería el carácter del resto del concierto de la(s) mano(s) de un músico al que conoció tocando en la calle, junto a la Catedral de Barcelona: Ravid Goldschmidth, que ejecutó el curioso y efectista hang. El sonido y la apriencia del hang, con su forma de lenteja espacial y su melodía envolvente, junto con la presencia de Goldschmidth, de blanco inmaculado hasta en los guantes, provocó una evidente atención y atracción en el ya incorpóreo público.


Tras el descanso, un impaciente y entregado auditorio recibió casi con ovación a Joshua Redman, músico muy querido en Madrid y allá donde pisare. Comenzó dulce y potente, convirtiendo lo melódico del tándem
inmortal Rodgers/Hammerstein en bienvenida cercana y certera de lo que había por llegar. El trío, completado por Reuben Rogers al contrabajo y un acertado Gregory Hutchinson a la batería, formó un ensamblaje ideal de apoyo mutuo, de modo que fue uno solo cuando le vino en gana.
Muy pronto llegó uno de los mejores momentos del concierto; fue con la elección de uno de los temas de su último trabajo ("Back East"), Mantra n.º 5, para el que eligió pasarse al soprano. Fue jazz, sí, pero fue sobre todo impresionismo. Etéreo, mágico y raro; eso consiguió con composición y ejecución propia, recordando por momentos a Debussy a pesar de y gracias a una formación de trío de jazz.
De la euforia hardbopera de Monk, nos llevó hasta la bossa nova melancólica de Jobim con Insensatez. Si hace un párrafo, Joshua Redman era inequívocamente francés, os aseguro que en este momento ese saxofón era brasileño. Esperemos que siga siendo todo lo que quiera, que siga componiendo todo lo que imagine y que siga interpretando con todo antojo de profundis:









miércoles 14 de noviembre de 2007

Joshua Redman, el niño bonito del saxo tenor





La primera vez que estuve en un concierto de Joshua Redman pensé que acababa de descubrir América. Me duró la sonrisa tonta al menos un par de días.

A menudo hemos podido leer que "la cumbre del saxo tenor" o que "los 4 grandes del tenor" son Shorter, Marsalis, Lovano y Redman. Yo no lo sé. Seguramente muchos podrían proponer a otros grandes, otros más grandes, otros muchos grandes, o incluso asegurar que grande sólo queda Rollins (cada vez que aparezca este nombre, recomendaría que todo mi auditorio internáutico se pusiera en pie).

De lo que no cabe duda es de que todos tenéis una o varias razones para no perderos la suerte de disfrutar de un concierto de Joshua Redman. Aquí van algunas:

  • Eres bebopero.
  • No te gusta el jazz.
  • Prefieres la música melódica.
  • Te aburre la música sin ritmo.
  • Te gustan los conciertos acústicos.
  • Prefieres los efectos electrónicos.
La en apariencia incongruente lista podría seguir y seguir. Si consideráis que todo esto es imposible, lo mejor es personarse mañana a las 21:00 en el C. C. de la Villa y corroborar este imposible de la música multigenérico pero potente y sinceramente jazzero. Este Joshua Redman único y precioso.

Por si aún no estáis convencidos, podéis ir probando con esta actuación. Jazz crimes, del estupendo Elastic.




Yo no me lo pierdo.





Fotografía de Michael Wilson.

martes 6 de noviembre de 2007

Ornette Coleman, más allá del 'freejazz'



No deja de resultar paradójico que me encuentre escribiendo sobre el género de jazz que menos me simpatiza y al que menos tiempo dedico. La culpa de que me decida a hacerlo la tiene toda Ornette Coleman, ese señor elegante y apacible, al que tanto tiempo y esfuerzo le llevó que se aceptara su concepción visionaria, que ya en la década de los cincuenta provocó todo tipo de posturas enfrentadas entre el público, la crítica y los propios músicos.

No seré yo quien defina el freejazz; en primer lugar, porque seguramente, sólo con acercarme al concepto y a la etimología, resultaría un ladrillo insufrible, y en segundo lugar porque creo mucho más didáctico y reconfortante recurrir directamente a la música en sí.

De eso sí puedo atreverme a contar. Contar que yo temía que con Ornette Coleman sucediera como con tantos otros conciertos de este género del Género, que me encontrara de repente en cualquier otro sitio que no fuera el concierto en el que estaba, en pocas palabras y con un poco de vergüenza: que me aburriera.

Nada más lejos. Son esos momentos que el jazz tanto me ha traído, esos momentos que se atesoran, sorprenden, dignifican, divierten, emocionan. Nunca habría imaginado que se pudiera componer y versionar así. Cuando interpretó este año en Mendizorrotza su visión o su capricho de La consagración de la primavera, simplemente no podía creer lo que estaba escuchando. Fue un regalo de los que no se olvidan.

Ornette Coleman ya no tiene nada que demostrar a nadie, pero a sus 77 años sigue creyendo en lo que hace. Qué suerte para nosotros.

Podréis disfrutar de él el día 11 de noviembre en el C C de la Villa. Parece que repite la misma formación de los últimos meses, aunque no con los mismos músicos. Sí le acompaña su hijo Denardo Coleman, y digo "su hijo" anecdóticamente, pues es ante todo buen baterista y veraz herramienta del genio septuagenario. Esperemos que, tal y como ha venido haciendo últimamente, nos permita disfrutar de su capacidad multiinstrumentista, apoyada de nuevo en su cuarteto raro –en el sentido que queráis de la palabra–, pues completan la formación dos contrabajos: uno acústico y otro eléctrico.

Ojalá este domingo vuelva a traernos ese milagro de la primavera; y si nos honra con su traje azul eléctrico, mejor que mejor.

jueves 1 de noviembre de 2007

Impresiones, escenarios, músicos y estrellitas


Bueno, pues la semana que viene empieza el cotarro.
Tenemos por delante casi un mes de actuaciones. Mucho jazz. Tanto, que no podremos verlo todo; ya se sabe que quien mucho abarca, poco aprieta.
Y es una lástima, porque por el dichoso problemilla de no tener el don de la ubicuidad, se nos escaparán los conciertos como arena entre los dedos, para que después llegue diciembre, enero, febrero (podéis seguir vosotros solitos con la enumeración hasta julio) y pasemos por época de vacas flacas jazzeras. ¡Benditos clubes! Menos mal que quedarán ellos para darnos nuestra dosis.

No voy a enumerar la oferta de conciertos del festival, para eso está su página web oficial, pero sí me gustaría hacer algunos primeros comentarios.

La sensación después de echar un primer vistazo al programa es bastante buena, de hecho es más que eso; este año han conseguido que salivara; bien es cierto que traen a algunos de mis músicos favoritos, así que disculpad si respecto a ellos no logro ser muy imparcial. Aun así, hay que reconocer que el panorama de jazzeo es muy completo: bebop, latino, swing, freejazz y mucha, mucha fusión. Podremos disfrutar de diferentes formaciones: desde el solista hasta las grandes bandas.
Recordad que, aparte del ciclo en el C C de la Villa y el teatro del Circo Price, contamos con los ciclos de San Juan Evangelista, el Nicolás Salmerón y la sede del C C de Ciudad Lineal. Y, por supuesto, los clubes: podremos darnos el gustazo de disfrutar los lunes de la Big Band de Bob Sands en Bogui o de las actuaciones de Stanley Jordan o Robert Glasper en Clamores.

Intentaré ir comentado pinceladas del programa durante estas semanas, pero no quiero acabar este comentario sin atreverme a hacer una recomendación a gritos: por primera vez en el festival de jazz de Madrid, recién llegado de todas partes, actúa el domingo 25 a las 20:00 el trío sueco E. S. T., agradecido acrónimo de Esbjörn Svensson Trio. Ellos merecen un comentario propio que espero publicar aquí.
Os dejo un tema de su disco From Gagarin's point of view para ir abriendo boca: